En mi modesta opinión, ninguna ciudad merece llamarse como tal si no garantiza un principio de solidaridad universal para ella. En esto que parece y es una perogrullada se sostiene el progresivo alejamiento y aislamiento de una gobernanza equilibrada. De concejos y cabildos basados en la antigua Lex Romana Visigothorum a la Administración Municipal del XIX, configurada por representación. ¿Y ahora?
Más de un siglo después, la Administración Local se basa poderosamente en un entramado procedimental en el que se ha sustituido gran parte de la participación ciudadana por compartimentos angostos que no solo ahuyentan a la ciudadanía, sino que además les obliga a tener un sofisticado conocimiento jurídico para poder actuar. Prácticamente necesitan un abogado solo para enviar una alegación al presupuesto y que les arreglen el maldito tejado de su centro sociocomunitario, que se cae a pedazos, ya que el gobierno actual no ha tenido a bien incluirlo en los presupuestos. El rechazo procedimental jurídico se convierte en toda una excusa para no hacer política para esta Alcaldía.
Más de un siglo después, la Administración Local se basa poderosamente en un entramado procedimental en el que se ha sustituido gran parte de la participación ciudadana por compartimentos angostos que no solo ahuyentan a la ciudadanía, sino que además les obliga a tener un sofisticado conocimiento jurídico para poder actuar.
Que los sucesivos gobiernos de derechas de esta ciudad no han tenido ni el más mínimo decoro a la hora de ignorar el grave problema de fractura socioeconómica es ya un lugar común. Tratan con desdén el problema social como si este no fuera con ellos, mientras puedan seguir estacionando su flamante auto en zona de aparcamiento municipal y como si no hubiera un solo lugar en toda la ciudad. En la Zona Norte hay aparcamiento de sobra.
Solo en el caso de que nos visite un Katrina se concede la emergencia para que Cruz Roja pueda habilitar el gimnasio del CAI y poder atender a los sintecho. No hay una sola carpa de emergencia, ni por supuesto contamos con un centro de noche. Se contabilizan unas 250 personas sin techo, pero la segunda población valenciana y quinta provincia española es incapaz de ofrecer una solución para dos centenares y medio de almas que deambulan y lloran amargamente si alguien ocupa su suite junior del cajero esta noche.
Que los sucesivos gobiernos de derechas de esta ciudad no han tenido ni el más mínimo decoro a la hora de ignorar el grave problema de fractura socioeconómica es ya un lugar común.
Y en eso llegó la pandemia. Curiosamente, ni siquiera la pandemia procuró algo más de cintura a la dirección de los Servicios Sociales, ni por parte de Barcala ni por parte de Llopis, que cada vez se vuelven más familia y recuerdan a los hermanos de Casa tomada. La única hermandad que nos ha traído la pandemia ha sido la de ellos dos. Entre sí. No puede dirigir un área nadie que no empatice con el objeto de la misma, que no se la crea, que no sea capaz de ganarla por KO técnico. Lo primero que les vino a la cabeza en el reparto de alimentos y el bloqueo de las listas de los más necesitados fue que había gente solicitando alimentos por distintos canales. Unos aprovechados, sí. Parece ser que los aprovechados solo existen en los sectores más debilitados, no en la jet set, ni en la clase política, ni en la clase media: los aprovechados solo están entre lo que consideran ellos la chusma. Menudos aprovechados que quieren hacer acopio de tres paquetes de arroz en lugar de uno.
Ante eso, el movimiento vecinal armó las barricadas del hambre por su cuenta y la dirección del Consistorio siguió observando con desdén desde Versalles. Seguía sin ir con ellos el asunto. El mismo desdén, la misma sensación de indiferencia. La misma cara que parece representar «en el fondo, si son pobres, algo habrán hecho para serlo».
Solo la solidaridad vecinal ha sabido paliar las terribles carencias, el hambre real, la rutina de comer día tras día arroz durante semanas, la carencia total de productos de desinfección y limpieza, de higiene personal. La ciudad los había abandonado a su suerte. ¿Merecemos pues llamarnos ciudad?
Para contrarrestar, la misma actitud de siempre: rasguemos del talonario municipal unos cuantos cheques de unos cuantos cientos de miles de euros, anunciemos inversiones millonarias a manu salva, incluyendo hasta el costo de la web que hemos implementado para que la gente deje su mensaje como en un muro de lamentaciones. Porque al final, todo nos ayuda a pensar que los muros del Ayuntamiento son para cada vez más vecinos un bloque infinito de lamentaciones que amarillean y se descomponen con el paso del tiempo y retratos saturados de sucesivas alcaldías.
Solo la solidaridad vecinal ha sabido paliar las terribles carencias, el hambre real, la rutina de comer día tras día arroz durante semanas, la carencia total de productos de desinfección y limpieza, de higiene personal.
Y en eso llega las denuncias de los vecinos, las quejas al Síndic. ¿La respuesta? Si tenéis problema con la limpieza es que sois unos guarros (colección primavera-verano) y si tenéis problema de hambre es que ladráis (colección otoño-invierno). Consecuencias: el Distrito 2 (el de la Zona Norte) se ausenta de la Comisión de Recuperación. Y no pasa nada. Si acaso una salsola, esa que retiran raudos y veloces para que no moleste las vistas al mar de los vecinos de Miriam Blasco con Condomina.
Lo dijo Antonio Colomina: «La Zona Norte no necesitaba el virus para entrar en crisis». Lo dijo después de recordar que el Plan Integral de la Zona Norte, el Plan de Inclusión y el Plan de Mediación Social y Cultural no han sido más que trampantojos. Lo dijo y calificó de clamoroso fracaso la gestión de esta crisis. Y lo dijo ante una vicepresidenta de un gobierno autonómico mientras al PP le daba un ataque de ansiedad política y calificaba la visita de soez, por ser suaves. El millón de euros aportados por la Generalitat para esta crisis no les parece tan soez.
Me permito seguir las palabras de Antonio cuando dice que este problema se ha de resolver entre todas las Administraciones. Yo añado que no se resolverá mientras la ciudadanía no tenga más peso en la gobernanza local, mientras no haya un gobierno de la ciudad dispuesto a desnudarse y reconocer que la participación ciudadana en Alicante una broma pesada. Intento tras intento del PP de mangonear y controlar mediante clientelismo lo vimos esta semana con la propuesta de una única Asociación para el Comercio, cien mil euros y gerente. Casi les pone hasta un piso. Hemos de pasar de broma acaso de éxito, y esa es una travesía que cruza este mandato y las próximas elecciones. Si no, ¿para qué vino Ciudadanos?
Lo dijo Antonio Colomina: «La Zona Norte no necesitaba el virus para entrar en crisis». Lo dijo después de recordar que el Plan Integral de la Zona Norte, el Plan de Inclusión y el Plan de Mediación Social y Cultural no han sido más que trampantojos.
En Córdoba, el Consejo Social y Económico no lo preside la Alcaldía, sino la exdirectora del Museo Arqueológico, funcionaria. En Alicante, Barcala ni siquiera lo ha convocado en su medio mandato. Si no quiere convocar este consejo, ¿qué podemos pensar de la utilidad de consejos sectoriales de Comercio, o de otros posibles como Inmigración, Educación o Turismo? ¿De qué nos sirve cuando no han convocado una representación de género y de Juventud en la Comisión de Recuperación a pesar de estar aprobada en Junta de Portavoces? Tampoco han convocado a los distintos patronatos, o a Aguas de Alicante o a Mercalicante, que están aportando cada día soluciones e inversiones al descalabro que vive la ciudad.
Todo esto no es casual, sostengo. Es parte de una cultura que nos va acordonando poco a poco tratando de convencernos de que los más desfavorecidos han de aceptar el Determinismo (otro fantasma que regresa de la mano de hipernacionalismos y la ultraderecha). No fue Sarkozy quien lo inició, pero si la memoria no me falla fue él quien llamó «escoria» a los que se manifestaban en Clichy-Sous-Bois por la muerte de dos jóvenes que huían de la policía en 1995.
Recordarán los disturbios que comienzan en Sant-Denis y se replican en toda Francia. Luego vino todo lo demás hasta hoy. Recordarán que hace días los medios publicaban un terrible episodio de violencia contra la Policía Local en la Zona Norte. La historia de los últimos 20 años de Alicante no es un ciclo más, es una ruleta rusa. Es el modelo Bush, Le Pen, Trump, Bolsonaro llevado a lo nacional: Abascal, Ortega Smith, Álvarez de Toledo; y luego llevado a lo local: Albiol, Barcala, Llopis. Esta semana un sondeo predecía que la derecha aumenta su representación en Alicante gracias a la ultraderecha. Auguro un porvenir duro para Barcala mientras tenga al lado a gente como Llopis o López ( Homo homini lupus), gente con la flora intestinal a prueba de bomba, capaces de comerse de un bocado de populismo opusino a dos barcalas y tres ortolás mientras disfruta este verano del climatizador de su nuevo coche (blindado) en el autocine de Rabasa.
Si no nos planteamos no solo un cambio de gobierno sino de evolución de gobernanza en lo local, continuaremos en la misma charca estancada de cocodrilos en la que vive Alicante, donde solo los que pueden saltar a las ramas más altas sobreviven observando plácidamente a los barrios desfavorecidos. Y lanzándoles los frutos que desechan. El movimiento vecinal ya ha avisado de todas las maneras. No permitamos que una alcaldía más en Alicante se encierre en su gabinete y los mande a comer pasteles mientras se empolva la peluca.
https://www.diarioinformacion.com/opinion/2020/06/16/coman-pasteles/2273750.html
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